PREPAREN SIEMPRE MALETAS, AUNQUE SE MUERAN DE MIEDO.

Hay una verdad que la vida me ha enseñado a golpes, a sorpresas y a gracias inesperadas: el miedo no es el enemigo del camino. Es, muchas veces, la señal de que el camino vale la pena.

Yo lo sé porque he empacado maletas más veces de las que puedo contar. He doblado ropa con manos nerviosas, he cerrado cierres con el corazón apretado, he salido por puertas que no sabía si volvería a cruzar. He dejado atrás ciudades, rutinas, certezas, personas amadas. Y en cada partida, el miedo estuvo ahí, puntual, fiel, sentado sobre la maleta como diciéndome: ¿estás seguro de esto?


Pero aprendí algo que cambió todo: el miedo no vino a detenerme. Vino a acompañarme.

Porque empacar maletas no es solo un acto físico. Es una declaración interior. Es decirle a la vida: estoy disponible. Es decirle a Dios:En Ti confío. Es decirle al futuro: aquí voy, aunque no sé bien a dónde.

Y esa disponibilidad, esa apertura valiente del corazón, es la que hace posible todo lo que vale la pena en esta vida.


Pienso en quienes han empacado maletas para formar una familia, para decirle sí a otra persona sabiendo que el amor exige entrega y que la entrega duele y transforma. Pienso en quienes han empacado maletas vocacionales, dejando una carrera segura para seguir un llamado que no sabían bien cómo explicar, pero que los quemaba por dentro. Pienso en quienes han cruzado fronteras, cambiado de ciudad, de oficio, de idioma, de Mundo, no porque les sobrara valentía, sino porque les faltaba aire donde estaban.

Todos ellos, sin saberlo quizás, estaban haciendo lo mismo: eligiendo la vida sobre la comodidad.


El problema no es el miedo. El problema es quedarse quieto esperando que el miedo se vaya antes de moverse. Eso nunca ocurre. El miedo no desaparece en la espera; desaparece en el camino. Se disuelve en los primeros pasos, se transforma en adrenalina, en aprendizaje, en historia que un día contarás con orgullo.


La vida nos propone constantemente oportunidades disfrazadas de incertidumbre. Dios nos habla muchas veces en el vértigo de lo nuevo, en la incomodidad de lo desconocido, en la voz suave que nos dice ve, confía, yo estoy. Y nosotros, demasiado a menudo, esperamos señales más cómodas. Esperamos garantías que la vida nunca da, porque no es su estilo. La vida no garantiza, la vida invita.

Y hay que tener la maleta lista.

No porque debamos huir de donde estamos, sino porque la disponibilidad interior es lo que nos mantiene vivos, alertas, capaces de recibir lo que viene. Una persona con la maleta lista no es una persona sin raíces: es una persona con alas.


Así que hoy te digo, a ti que estás en el umbral de algo nuevo, a ti que sientes ese nudo en el estómago que no sabes si es miedo o es llamado y a veces es las dos cosas a la vez: no esperes a que el miedo se vaya.

Empaca la maleta, cierra el cierre, y da el primer paso: el miedo que hoy te paraliza mañana será el mejor capítulo de tu historia.



TE COMPARTO ESTA POESIA


Empaca siempre maletas, aunque te mueras del miedo,  

lleva en cada bolsa un pañuelo de coraje y tambien un mapa pequeño.  

Pon dentro un trozo de cielo para cuando la noche pese,  

y una luna de bolsillo que, si te pierdes, te regrese.  


Aprieta en el cierre las dudas, que no logren detenerte,  

pero guarda también el llanto, por si el viento quiere verte.  

Que la vida es un muelle de despedidas y aprendizajes,  

y cada paso se hace firme con la fe de cada viaje. 


La ruta no siempre es clara; el camino  se hace andando,  

no esperes que el miedo se vaya para seguir avanzando.  

Él será tu compañero, te susurra y te dispone,  

pero hay un faro en tu pecho que a tu valor lo compone.  


Cuando la tristeza pese, abre la maleta y procura  

sacar un beso guardado, una esperanza, una ternura.  

Y si la noche se queda, recuerda que hay un mañana,  

porque el mundo abre sus puertas para quien sueña y se lanza.  


Empaca siempre maletas, aunque te mueras del miedo,  

aprende que el valor no es ausencia, sino decir: “yo me atrevo”.  

Y todo miedo, por grande que parezca y que te envuelva,  

puede volverse camino cuando el alma lo resuelva.  


Empaca siempre maletas, porque el fin nunca es el puerto,  

el puerto solo es comienzo de lo que aún está despierto.  

Para hacerte más feliz, aunque el presente sea incierto,  

empaca siempre maletas: no te quedes en el puerto.  


Más allá de los océanos, te aguarda un claro destino;  

serás feliz en lo andado, en lo Nuevo, en el camino.  

Lo digo yo, que vi puertos y aprendí su voz serena:  

a veces la vida empieza justo donde nace la arena.  


Omar




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