PREPAREN SIEMPRE MALETAS, AUNQUE SE MUERAN DE MIEDO.
Hay una verdad que la vida me ha enseñado a golpes, a sorpresas y a gracias inesperadas: el miedo no es el enemigo del camino. Es, muchas veces, la señal de que el camino vale la pena. Yo lo sé porque he empacado maletas más veces de las que puedo contar. He doblado ropa con manos nerviosas, he cerrado cierres con el corazón apretado, he salido por puertas que no sabía si volvería a cruzar. He dejado atrás ciudades, rutinas, certezas, personas amadas. Y en cada partida, el miedo estuvo ahí, puntual, fiel, sentado sobre la maleta como diciéndome: ¿estás seguro de esto? Pero aprendí algo que cambió todo: el miedo no vino a detenerme. Vino a acompañarme. Porque empacar maletas no es solo un acto físico. Es una declaración interior. Es decirle a la vida: estoy disponible . Es decirle a Dios:En Ti confío . Es decirle al futuro: aquí voy, aunque no sé bien a dónde . Y esa disponibilidad, esa apertura valiente del corazón, es la que hace posible todo lo que vale la pena...