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La libertad y la democracia no son un derecho adquirido para siempre, sino una conquista que hay que defender en cada elección.

Mientras en México, Canadá y Estados Unidos resuena la fiesta del Mundial, en otras latitudes hay quienes luchan por la libertad, ansían la democracia y anhelan se les permita al menos el mínimo de derechos humanos . El contraste es brutal y merece ser dicho sin eufemismos: el fútbol mueve más dinero, más pasión y más portadas que el hambre, el desplazamiento, la libertad o la guerra. Eso no es una crítica al fútbol,  que es fiesta, identidad y alegría legítima de los pueblos, sino una crítica a nuestra jerarquía de prioridades como civilización. Y en Colombia, ese contraste se vuelve aún más doloroso esta semana. Miles de compatriotas viajan, gastan, gritan goles y visten la camiseta tricolor con un fervor admirable. Pero ese mismo fervor, ¿dónde está cuando se trata de decidir el rumbo del país? El próximo domingo se juega, literalmente, uno de los partidos más trascendentales de nuestra historia democrática reciente: la elección de un presidente. Y mientras unos se preparan para...

Respuesta al Papa Leon (MAGNIFICA HUMANITAS)

El privilegio de ser pueblo   Respuesta laical a la Carta Encíclica   MAGNIFICA HUMANITAS del Santo Padre León XIV Colombia, 2026     Un saludo desde el piso de abajo   Santo Padre León XIV:   Le escribo desde Colombia, desde esa América Latina que lleva en el pecho la mezcla de fe y  s ufrimiento, de alegría y desigualdad, de esperanza tenaz y frustración acumulada. Le escribo   como laico, como bautizado que vive su fe no en sacristías sino en calles, en oficinas, en redes   sociales, en mesas de familia donde se discute de política, de dinero, de Dios y de todo lo que   duele.   Soy teólogo, filósofo y académico —del barrio—. Y precisamente eso —ser pueblo— es el   privilegio desde el cual me atrevo a responderle. Porque la encíclica Magnifica  Humanitas  no   habla sólo a los sabios; nos habla a todos. Y a todos nos interpela.   Le escribo con gratitud profunda por este documento. Con gratitud y también ...

La inteligencia sin humildad no es virtud. Es una herida que camina.

El mediocre con un milímetro de poder cree que tiene una tonelada de autoridad. Lo hemos visto. Lo hemos sufrido. Y si somos profundamente honestos con nosotros mismos, en ese silencio donde nadie nos mira, también lo hemos sido. Porque la mediocridad no es falta de talento. Es exceso de ego y hambre de aprobación. Es el ruido de quien no sabe quién es. Hay personas con inteligencia deslumbrante que destruyen familias, hunden empresas y apagan el brillo de quienes los rodean. No porque sean malos. Sino porque son brillantes sin raíces. Einstein lo sabía: “Una mente que se abre a una nueva idea nunca vuelve a su tamaño original.” Pero esa apertura exige primero una condición: vaciar el orgullo. Una mente llena de sí misma no tiene espacio para nada más. La inteligencia sin humildad no es virtud. Es una herida que camina. Si estás en un momento de quiebre, el negocio que no levanta, la familia que se fractura, la fe que se siente lejana, el dinero que no alcanza, la vocación que perdió s...