La libertad y la democracia no son un derecho adquirido para siempre, sino una conquista que hay que defender en cada elección.
Mientras en México, Canadá y Estados Unidos resuena la fiesta del Mundial, en otras latitudes hay quienes luchan por la libertad, ansían la democracia y anhelan se les permita al menos el mínimo de derechos humanos . El contraste es brutal y merece ser dicho sin eufemismos: el fútbol mueve más dinero, más pasión y más portadas que el hambre, el desplazamiento, la libertad o la guerra. Eso no es una crítica al fútbol, que es fiesta, identidad y alegría legítima de los pueblos, sino una crítica a nuestra jerarquía de prioridades como civilización. Y en Colombia, ese contraste se vuelve aún más doloroso esta semana. Miles de compatriotas viajan, gastan, gritan goles y visten la camiseta tricolor con un fervor admirable. Pero ese mismo fervor, ¿dónde está cuando se trata de decidir el rumbo del país? El próximo domingo se juega, literalmente, uno de los partidos más trascendentales de nuestra historia democrática reciente: la elección de un presidente. Y mientras unos se preparan para...