Los mercaderes de la palabra
Hay quienes suben al púlpito como quien asciende a un trono y desde allí lanzan palabras que no buscan el alma sino el aplauso. Son oradores del vacío que confunden el estruendo con la verdad, pregoneros de sí mismos disfrazados de mensajeros del Altísimo. Cuando el discurso se vuelve más grande que el misterio, cuando la elocuencia pretende mejorar lo que Dios ya tejió perfecto, estamos ante la soberbia vestida de pastor, ante el orgullo que usurpa el sitial de la humildad. Estos son los que encandilan en lugar de iluminar, los que arrojan luz tan violenta que ciega en vez de guiar. Fuegos artificiales en la noche del espíritu que dejan a las almas más oscuras que antes: deslumbradas pero no transformadas, entretenidas pero no salvadas. Son mercaderes de la fe, rematadores de lo sagrado, que convierten los sacramentos en transacciones, la gracia en mercancía, el templo en teatro de sus vanidades. Venden lo que no les pertenece, negocian con monedas que no ac...