Petro gobierna con amargura nihilista y rebelión resentida
Colombia agoniza bajo el peso de una administración que confundió la retórica revolucionaria con la capacidad de gobernar. El gobierno de Gustavo Petro, envuelto en las brumas de su propio mesianismo, ha sumergido al país en un laberinto de improvisaciones y contradicciones que desafían toda lógica institucional. Desde las alturas del poder, se observa con desaliento cómo el empirismo bruto y determinismo idiota, han reemplazado la prudencia política y la experiencia administrativa. Cada decisión parece nacer de un impulso visceral antes que, de un análisis riguroso, como si el destino de cincuenta millones de colombianos pudiera resolverse con la misma ligereza con que se escribe un tuit (X) incendiario. Las instituciones, otrora pilares de la democracia, se tambalean ante la embestida de un equipo de trabajo que parece más interesado en ajustar cuentas históricas que en construir un futuro viable. Los ministerios se han convertido en tribunas de venganza ideológica, donde la amar...