FIRMES POR LA PTRIA
Mi afecto, respaldo y cariño por el doctor Álvaro Uribe Vélez viene de lejos, más de treinta años, desde cuando, al frente de la Gobernación de Antioquia, demostró al país entero lo que significa gobernar con mano firme, liderazgo genuino y un corazón grande puesto al servicio de Colombia. Esa admiración no es retórica: es convicción forjada en el tiempo.
Por eso no sorprende que mis amigos más cercanos levanten la ceja al verme respaldar, por primera vez en mucho tiempo, a un candidato que no es el señalado públicamente por nuestro líder. Y sobre ese punto quiero ser absolutamente claro.
Hace casi una década comencé a seguir al doctor Abelardo de la Espriella a través de las redes sociales. Desde el primer momento supe que era un hombre distinto: de esos que no pasan inadvertidos, que incomodan porque dicen la verdad sin adornos. Lo encontré, además, en el mismo espacio donde milita quienes, fieles al ideario del presidente Uribe, defienden la democracia, la libertad y la familia como fundamentos irrenunciables. En más de una ocasión le pregunté directamente por qué no aspiraba a la presidencia. Su respuesta fue siempre la misma: “No quiero entrar en un espectro tan oscuro como la política. Solo lo haría si mi país estuviera atravesando una noche oscura.”
Colombia llegó a esa noche. Y Abelardo cumplió su palabra.
Dejó la comodidad de su ejercicio profesional, sus empresas y la tranquilidad de su familia para lanzarse a este mar bravio que es la política —ese escenario que puede sacar lo peor o lo mejor del ser humano—. Y lo que hemos visto sacar en él es lo mejor.
Lo que resulta verdaderamente increíble es la naturaleza de los ataques que recibe: se concentran en su trayectoria como abogado exitoso, en sus creencias religiosas, a las que todo ser humano tiene pleno derecho, y en los métodos de seguridad que ha debido adoptar para proteger su vida ante amenazas reales y documentadas. Un chaleco antibalas y una urna blindada no son símbolos de cobardía: son la evidencia de que quien los usa le importa demasiado Colombia como para rendirse. Que quienes deberían entenderlo lo llamen cobarde, movidos por el desespero ante los desplomes en las encuestas, dice más de ellos que de él.
Estoy seguro de haber tomado la mejor decisión. Y estoy convencido de que quienes hoy somos llamados “disidentes uribistas” no hacemos otra cosa que recoger la semilla que nuestro líder sembró durante décadas: confiar en quien mejor encarna sus principios, entregar la bandera de Colombia a manos que la sostengan con honor.
Alguien dispuesto a dejarse moler por su patria en medio de la noche más oscura merece esa confianza. Por eso, junto a millones de colombianos, estamos Firmes por la Patria con Abelardo de la Espriella.
Estas no son unas elecciones cualquiera. Son la diferencia entre la patria que queremos construir y la patria que nos quieren imponer. La diferencia la hacemos nosotros.
Omar.
@omantoni1

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