EL PAÍS QUE QUEREMOS, EL PAÍS QUE TENEMOS, EL PAÍS QUE VOTAMOS




El examen presentado por los colombianos en las pasadas elecciones, dejan mucho que decir y abre un inmenso interrogante por la brecha que hay entre  el país que queremos, el país que tenemos y el país que votamos.

1.  El PAÍS QUE QUEREMOS: 
La mayoría de ciudadanos colombianos quiere un país en el que se pueda vivir en libertad, que la paz sea como  el aire que todos pueden respirar, y en el que todos, según su elección de vida, puedan obtener las oportunidades para trabajar y así  contribuir en la construcción del país. Queremos un país con justicia, con equidad, donde el valor de la vida sea respetado y honrado hasta el grado extremo y en el que el liderazgo acompañado de honestidad e inteligencia, sean la bandera de quienes  aspiren a cargos públicos.
Queremos un país donde los niños sean amados, los ancianos venerados, las familias unidas.
Un país  el que  se pueda estudiar y donde los maestros sean los más cualificados moral e intelectualmente, porque de ellos depende el desarrollo de la visión de país, es decir...un lugar en el que ser maestro sea un honor.
Queremos un país en el que los medios de comunicación informen, formen, comuniquen, debatan y sean probadamente  independientes.
Un país en el que los padres puedan cuidar y educar a sus hijos y un lugar en que la religión nos lleve a un profundo, certero y amado encuentro con Dios.
Es decir, un país en el que se valga la pena nacer y en el que nos cueste morir. 

2. El PAÍS QUE TENEMOS:
El artículo 1º de la constitución política, consagra que Colombia es un país de derecho, donde se señalan como cimientos , la protección de los derechos fundamentales  y el respeto a la dignidad humana, el trabajo, la solidaridad y la prevalencia  del interés general. 

Vivimos en un país en el que la aplicación del estado de derecho se da en un sentido meramente formal, pues la mayoría de las instituciones públicas, violan y desconocen los preceptos de la Carta Magna. Como el estado es inoperante, existe un desequilibrio social en el cual se ven sometidos la gran mayoría del pueblo Colombiano; lo más cotidiano como la alimentación, la salud, el estudio, el empleo, la justicia, la libertad entre otros, son insatisfechos.

Tenemos un país en el que:
-La justicia se aplica según la conveniencia de quién ostente el poder o de quién pueda pagar  ( robar un cubo de caldo de gallina te puede dar un año de prisión y asesinar, violar, reclutar menores y cometer actos terroristas te pueden dar inmunidad) mejor dicho, un país en el que todo vale, menos lo correcto, "usted no sabe quién soy yo"
-Ser pillo si paga.
-Ser corrupto brinda oportunidades.
-La política  es vista como una fuente saciable de dinero y de poder.
-La salud es un privilegio de quienes tiene con qué pagarla.
-Los que estudian se quedan sin trabajo y los mediocres asumen cargos públicos de gran envergadura
-Trabajar en el campo una pésima opción.
-El Dane Consiera empleados quien obtiene 5000 pesos diarios.
-El ejército es equiparado e igualado con uno de los grupos terroristas más sangrientos del mundo.
-El presidente utiliza todas la municiones económicas posibles para reelegirse y elegir.
-Es más importante ganar un partido de fútbol que defender la democracia y las instituciones.
-Un futbolista es un héroe y un soldado un falso positivo.
-Los niños se mueren de hambre y los políticos de gordos.
-Te amenazan y debes huir del país, mientras que los que amenazan son protegidos por el estado o les brindan vacaciones en alguno de los mejores hoteles de Cuba.

Bueno... También tenemos algunas cosas buenas por ejemplo aún nos queda un gran líder. 

3. El PAIS QUE VOTAMOS:
No debería, pero me sorprende la escandalosa mediocridad con la que aún se ejerce el sagrado deber del voto en nuestro país. Vendemos el futuro de nuestros hijos por un tamal, una botella de aguardiente, una hoja de zinc, 20 ladrillos  o cincuenta mil pesos. Es así, que personajes con reconocida mala reputación, escandalosa inmoralidad y sobreabundante mediocridad triunfaron en gobernaciones, alcaldías y consejos municipales, sobre  candidatos inteligentes y de Probada virtud. Por ejemplo, elegir a Luis Pérez como gobernador en lugar de Andrés guerra para Antioquia, es un insulto a la decencia y a la memoria de los  abuelos que fundaron a la Antioquia grande.

El país que votamos perdió de vista el peligro inminente que tiene nuestra democracia y parece que produjo una increíble amnesia al reelegir o elegir a quienes no tiene escrúpulos para entregar nuestra sagrada constitución en manos de quienes no tienen reparos en permitir que los más grandes enemigos de la patria sean quienes nos gobiernen.

El país que votamos todavía  sigue escuchando directrices de delincuentes como Samper, de oportunistas como Roy, de tramposos como santos, de victimarios como calzones, de terroristas como Timo, de traidores a la patria como piedad, de insolentes  como Montealegre y de corruptos como Daniel Eduardo López Palencia (alcalde electo de Purísima, en Córdoba) entre muchos otros.
Afortunadamente queda un pequeño rescoldo de colombianos que aún escuchan  a grandes como Uribe, a jóvenes promesas como Sneyder Quiceno ( Guarne), caballeros como Iván Alonso Cardona (en Sabaneta), entre otros.

El panorama, aunque no es alentador, exige un renovado esfuerzo; bajar los brazos sería entregar la copa de victoria a quienes han utilizado toda clase de artimañas para destruir el país.

Desde hace mucho tiempo he venido insistiendo, sin respuesta alguna, sobre la urgente necesidad de formar una escuela de líderes de servidores públicos. No podemos avalar al primero que se le ocurra como le sucedió al Centro Democrático, que brindó su apoyo a quienes con dudosa reputación o con pésimo liderazgo tomaron las "banderas del cambio", produciendo el descalabro en muchos pueblos y ciudades de nuestra nación. Estos candidatos creyeron que la sola foto con el gran líder era suficiente, estoy convencido que esto ayuda pero no convence.

Colombia merece un mejor gobierno, los dos descalabros que hemos vivido ( elección presidencial y las últimas de departamentales y municipales) nos tienen que llevar a una profunda reflexión y aún cambio de estrategias para nuestras próximas y muy delicadas elecciones presidenciales.

Dr. Alvaro Uribe, soy uno de sus más fieles seguidores, le he tenido una profunda admiración, he sido uno de sus más férreos defensores (y aunque ni siquiera haya tenido el privilegio de que usted RT unos de mis escritos) le pido en nombre del orden, la libertad, los niños y el futuro de Colombia, que no avale sin un estudio previo a ningún candidato, porque estoy convencido  que para pertenecer al C.D y sobre todo para ser candidato por elección popular a alguno de los honrosos cargos de servicio público, se debe tener una probada mano firme, pero sobre todo un  corazón grande y leal, pues esta es la única manera de hacerse moler por el país para defender la libertad, hacer respetar las legítimas instituciones y garantizar la democracia que juntos anhelamos.

Por el país que queremos, con el país que tenemos, y por el país que votamos, necesitamos líderes altamente probados, lo suficientemente  preparados y firmemente entregados, para que juntos trabajemos, trabajemos y trabajemos, para hacer de Colombia el país que soñamos y nuestros hijos merecen.


Omar Antonio Bedoya Gaviria 











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